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Tus hijos

A qué edad y qué trabajos ligeros puede hacer un adolescente

Experimentar cuánto cuesta ganar el dinero, le otorga su verdadero valor. Cuando son adolescentes, los hijos quieren gastar más de lo que en realidad no tienen. Pero están en edad de rebuscárselas para darse gustos. Qué pueden hacer y qué dice la ley.

Quieren las zapatillas de moda, que son carísimas. La remera de marca que ni larga al lado de la que se consigue en el barrio. Ir al cine o a los juegos con sus amigos. El videojuego del que hablan todos. Las últimas actualizaciones en tecnología. Los hijos son grandes consumidores. El problema es que sus financistas son los padres.

Muchos adolescentes están preparados para generar ingresos y así poder solventar sus gastos o darse los gustos. Aunque no se trata de un empleo formal, este tipo de trabajo ligero permite que los chicos gestionen su plata, tomen decisiones sobre cómo o en qué gastarla y aprendan a autoadministrarse.

Lejos de tratarse de explotación infantil, un problema verdaderamente serio en muchos países del mundo, es común encontrar chicos que quieren “bancarse” solos. Ahora, ¿qué trabajos pueden hacer? ¿cuántas horas? ¿bajo qué condiciones? ¿a qué edad? Para responder todas estas preguntas, Tu Día consultó a dos especialistas en el tema y recabó testimonios de los verdaderos protagonistas.

En Argentina, la ley establece los 13 años como edad mínima y legal para salir a trabajar fuera de casa. Mariano Albrisi, abogado laboralista y miembro del Tribunal de Disciplina de Abogados de Córdoba, explicó que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) establece perfectamente en sus convenios (a los cuales el país adhiere) cuáles son los trabajos prohibidos para los niños y sus límites.

“En dos convenios de este organismo se habla sobre la edad mínima y se define el trabajo ligero, apuntado a niños de entre 13 y 15 años. El artículo 7 del convenio 138 afirma que los chicos comprendidos en ese rango etario pueden realizar trabajos ligeros siempre y cuando no ponga en riesgo su salud, su seguridad ni perjudique su asistencia a la escuela”, graficó el letrado.

Entre los 16 y 18 años, el trabajo adolescente entra en la ley de Contrato de Trabajo, aunque Albrisi remarcó que comprende una jornada mínima y una finalidad educativa. “En ambos casos, siempre se entiende que se hace con la anuencia de los padres”, agregó.

Sobre las ventajas de trabajar desde temprana edad, el psicólogo Santiago Gómez aseguró que permite al chico madurar y tener una conducta responsable en la administración. “Sirve para valorar el dinero, tener un consumo de manera razonable y desarrollar la capacidad de ahorro”, añadió.

En ese sentido, el director de Decidir Vivir Mejor advirtió que es mejor que el adolescente trabaje de manera independiente en lugar de recibir una paga mensual por parte de sus padres. “De esa manera, logra independencia y autonomía, es decir, comienza a generar ingresos por si mismo, dependiendo de su propio esfuerzo y habilidades personales. Además, le permite madurar y adquirir responsabilidades”.

Con respecto a las recomendaciones y el papel de los padres para supervisar, Albrisi advirtió que el trabajo adolescente no debe reunir las condiciones esenciales de un contrato de trabajo, es decir, sin obligaciones de horario ni de días; que toda tarea se realice en horario diurno, hasta las 18; y que no tenga fines lucrativos, que el fin no sea la subsistencia sino recreativo.

Zapatero, a su zapato

Entre los 13 y 15 años, cuando comienza la adolescencia, los padres pueden comenzar a delegarles a sus hijos tareas o trabajos con el fin de que puedan ir adquiriendo hábitos de responsabilidad.

A los 14 o 15 años, los chicos podrían trabajar cortando el césped de su casa y el de sus vecinos, como así también colaborar con la pintura, crear bijou y confeccionar gorros o accesorios tejidos.

A los 16, pueden probar otros trabajos más complejos, bajo el control y supervisión de un adulto, evitando las tareas de riesgo y lesiones físicas. También podrían realizar tareas como la limpieza y lavado de autos, apoyo escolar y venta directa (catálogos).

A los 17, puede trabajar en cafeterías, como recepcionistas, en cadenas de comida rápida, cuidando chicos, en comercios y realizando apoyo escolar.

Entre los 18 y 21 años, puede buscar trabajos que se relacionen con lo que están estudiando.

El rol de los padres 

  • Tienen que saber qué tipo de trabajo realiza el adolescente.
  • Discernir si corre riesgos por la actividad que realiza.
  • Conocer con quienes trabaja.
  • Mantener con el hijo un diálogo permanente sobre las actividades que hace.
  • Controlar, sin invadir, el manejo que el chico tiene del dinero.
  • Brindar educación financiera.

En primera persona

  • Paula, 17 años

Abanderada de su curso, con promedio de casi 10 en todas las materias, Paula empezó a ayudar a sus compañeros de curso a levantar las notas. Como remuneración, sus amigos le dan una paga, inferior a la que les cobraría una particular. Así, usa esa plata para sus gastos personales, a la vez que aliviana el bolsillo de sus padres.

  • Sofía, 15 años

Para poder viajar con su curso con fines educativos, y luego realizar el viaje de estudios a Bariloche, Sofía comenzó a vender entre sus familiares y amigos del cole productos para el hogar, por catálogo. Además, en los mayoristas, compra bijou y la revende. Esto le permite ahorrar dinero, además de darse sus gustitos. No le insume mucho tiempo, por lo que sus estudios no se ven afectados.

  • Tomás, 14 años

Se crió entre el jabón y la hidrolavadora. Ahora, se gana sus buenos pesos encerando y aspirando autos. El papá de Tomás tiene un lavaderos de autos en la zona norte y él lo ayuda, sólo los fines de semana (cuando hay más trabajo) y sin descuidar el secundario, a cambio de un “sueldo” semanal. Dice que ahora se patina la plata en tonterías, pero que más adelante va a empezar a ahorrar en serio para poder comprarse una moto.

  • Pilar, 15 años

Desde chiquita siempre estuvo metida en la cocina, investigando todo lo que su mamá hacía. Habilidosa e intuitiva, Pilar ahora hace cupcakes para vender en el barrio, entre sus familiares y amigos. Son riquísimos y económicos, pero a ella le alcanza y sobra para sus gastos. Además, está ahorrando para un celu nuevo y el viaje a Bariloche.

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