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Tus abuelos

La soledad en los adultos mayores

La tendencia al aislamiento no es una condición exclusiva de la vejez, suele presentarse en la niñez, en la adolescencia y en los adultez temprana pero impacta especialmente en la calidad de vida de los más grandes generando depresión o ansiedad.

Nunca estamos solos. La frase con la que abrimos esta nota habla de que cada ser humano, quiera o no, interactúa con su entorno. Cada individuo es un ladrillo de la sociedad en la que se desarrolla y su historia de adaptación a sus normas y costumbres marcará la manera en que “encastre” en ella.

Si bien es muy común que en la vejez las personas tienden a reducir su círculo social o sus actividades fuera del entorno más íntimo, esta tendencia de los individuos en proceso de envejecimiento se ha visto agravada en los últimos tiempos por la degradación de las redes familiares y sociales.

Es muy importante que la persona “sola” pueda distinguir entre la “sensación” de soledad y el estado real de su situación familiar y social. Tal como anticipamos desde la bajada, el aislamiento no es una conducta que se presenta sólo en la mal llamada tercera edad, se da también en la etapa final de la adolescencia y el comienzo de la vida adulta y actúa como precedente de las situaciones de soledad en la vejez, momentos en que las pérdidas y los duelos propician la introspección.

El individuo “solo” suele tener dificultades para detectar el origen de su sentimiento o determinar con exactitud cuál es su situación en realidad. En ese estado de ánimo la persona puede desarrollar una gran carga de ansiedad o alguna forma de depresión.

¿Soy mi enemigo íntimo?
Intimidad es una palabra amorosa. En todas sus acepciones. Se la suele reducir al ámbito de la pareja o al círculo familiar más estrecho pero en realidad hay distintos tipos. Conceptos como conocimiento, respeto, confianza, cariño y cuidado, éste último como sinónimo de protección, están dentro de la palabra intimidad.

Hay una relación estrecha entre la percepción o situación de soledad con la falta de intimidad con uno mismo, con el otro, con la familia y con el círculo de amigos. Decimos que una persona “sola” es alguien que “se cierra” o “se encierra” y valoramos a las personas positivas diciendo que es alguien “abierto”. Establecer distintos grados de intimidad, de apertura y empatía es el mejor “remedio” contra estos grandes males de época que son la soledad, la angustia y la depresión.

Esa comunicación comienza con un diálogo franco frente al espejo para establecer los alcances reales de nuestra situación, descubrir nuestras necesidades, definir prioridades y un discurso claro para comunicarlas al resto del mundo. A la hora de evaluar “nuestras intimidades” es bueno recordar que pedir ayuda nunca “mató a nadie” y ha salvado a mucha gente. El sólo hecho de “abrirse” a la ayuda de los demás es un gran paso para abandonar la sensación o situación de soledad.

Ansiedad y depresión
La ansiedad y la depresión nuestros hábitos y comportamientos y afectan a nuestras relaciones en general. Estos desórdenes se manifiestan a través de síntomas como respuesta a situaciones de peligro o dolores concretos como duelos u otros traumas que sólo existen en nuestra mente.
Estos síntomas pueden ser de origen físico como taquicardias, mareos, temblores musculares, dificultad para respirar, sudoración, dolor abdominal, punzadas, cansancio, o de origen no físico como pueden ser la angustia, miedo, falta de concentración, inseguridad, huida o evitación, obsesión, irritabilidad, agobio, tristeza, etc.
Las causas más comunes a sufrir alguno de estos trastornos son las preocupaciones exageradas y reiteradas. En la juventud y la adultez se identifican con la dificultad para adaptarnos a los cambios “en velocidad” a los que se ve sometida nuestra vida. Los adultos mayores suelen presentar alguno de estos cuadros frente a la “desaceleración” producto de los cambios propios de la vejez: el hogar vacío, la falta de retos o metas, la previsibilidad en el transcurso de los días.
Meditación y autoestima
En una próxima entrega de LOS MÁS GRANDES te daremos algunas técnicas para pensar con claridad y para enfrentar el espejo con mejores ojos. Mientras tanto, a respirar y a relajarse con una sonrisa.
Conversemos
El Acompañamiento Telefónico a Mayores es un programa de prevención de la depresión de mayores desarrollado por el Centro de Promoción del Adulto Mayor desde el año 2003.
A través de un acompañamiento telefónico se brinda contención a personas mayores en crisis, soledad o depresión. Es atendido por unos 40 voluntarios también mayores, capacitados en primeros auxilios psicológicos y coordinados por psicólogos.
Acompañamiento Telefónico a Mayores CEPRAM, de 10 a 13 y de 16 a 19 horas
Para la Ciudad de Córdoba 411-6949
Para el resto del país 0800-333-0304

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