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En 21 días se puede crear un hábito

Los seres humanos también son capaces de trasformar una acción en un hábito. Más allá del tiempo que lleve, la ciencia asegura que se puede lograr. La práctica y la paciencia, fundamentales.

Modificar un comportamiento, transformar un hábito malo en bueno o automatizar las acciones suelen ser objetivos bastantes difíciles de lograr para la mayoría de las personas. No es nada sencillo cambiar una rutina y desterrar prácticas, sobre todo aquellas que están tan internalizadas.

Sin embargo, estudios científicos determinaron que se requiere de un mínimo de 21 días para convertir una acción o comportamiento en un hábito. Incluso, más datos y experiencias insisten en dar por cierta esta teoría. En cambio, otras investigaciones hablan de que ese tiempo es absolutamente variable según la persona, el método utilizado y el objetivo buscado.

El primero que tiró la piedra fue Maxwell Maltz en la década del '60. El reconocido cirujano plástico de la Universidad de Columbia descubrió un patrón entre sus pacientes, quienes tardaban 21 días en acostumbrarse a su nuevo aspecto.

En la misma línea, William James, uno de los padres de la psicología moderna, escribió un ensayo en el que mencionaba que aprender nuevas habilidades puede tener un efecto en la estructura física del cerebro, modificándolo y estableciendo nuevas relaciones y circuitos neuronales.

Varias décadas después, algunos desertores recogieron el guante. La investigadora Phillipa Llaly, por caso, quien llegó a la conclusión de que el tiempo para llegar al nivel de automaticidad variaba entre 18 y 254 días. Aunque sí admitió que la repetición de una conducta en forma consistente, aumentaba la posibilidad de que esa acción se convirtiera en hábito.

Un trabajo publicado en el European Journal of Social Psychology dio cuenta de lo mismo y concluyó que la mayoría de las personas consigue transformar una acción en un hábito alrededor de los 66 días ininterrumpidos.

Querer hacerlo

Más allá de lo que la ciencia establezca como regla métrica para adquirir un nuevo hábito, los especialistas sí subrayan que el foco está puesto en la motivación y que la clave es la manera en que cada uno pone en práctica la nueva costumbre.

El 40 por ciento de las acciones que una persona ejecuta a diario no son decisiones, sino hábitos.

Esa rutina es de gran ayuda, ya que permite no tener que estar decidiendo cada acto todo el tiempo.

"Cuando realizamos una acción por primera vez, necesitamos planificarla, aunque solo lleve unos momentos de atención antes de realizarla. A medida que vamos repitiendo esas acciones en determinados contextos, empiezan a volverse más automáticas y requieren menos tiempo de planificación previa", aseguró Laura Szmuch, entrenadora en programación neurolinguística.

Ahora bien, el interrogante es si una persona puede cambiar hábitos en su vida. Para Cristina Schwander, especialista en inteligencia emocional, los seres humanos son seres mutables, no son fijos y pueden cambiar.

"Hay en cada uno de nosotros posiblidad y facticidad. La facticidad se refiere a aquello que no puedo cambiar. No puedo cambiar ser vulnerable, saber que me voy a morir, por ejemplo. Es decir, hay condicionantes que no puedo cambiar pero también hay creencias licitantes que me hacen mirar esa situación como imposible de cambiar cuando no es así. Toda creencia nos habla de ideas preconcebidas como si fuesen la realidad", agregó.

Las transformaciones no ocurren de la noche a la mañana. La vida actual es la suma de todos los hábitos que se van adquiriendo a medida que se vive.

"Todos los hábitos que tenemos, ya sea que nos hagan bien o no, son el resultado de pequeñas decisiones, conscientes o no, que vamos tomando a lo largo de nuestras vidas. Cuando queremos realizar un cambio, es necesario recordar que nos llevó mucho tiempo llegar hasta aquí, y necesitamos prepararnos internamente para modificar eso que ya hemos guardado en nuestro sistema neurológico", apuntó Szmuch.

No importa tanto cómo se haga, sino asociar ese nuevo hábito a algún tipo de placer o recompensa para que pueda modificarse con éxito y que luego perdure en el tiempo.

"Se requiere identificar el hábito que queremos cambiar. También se necesita paciencia, persistencia y práctica. Conocer para qué hago lo que hago", remarcó Schwander.

Cómo cambiar un hábito

» Se necesitan tres elementos para formar un nuevo hábito.

» Una señal, que es el desencadenante para necesitar cambiar.

» Una rutina, un modelo repetitivo para entrenar el cambio.

» Una recompensa, para poder acompañar el ciclo.

» La continuidad es fundamental para que el sistema nervioso funcione de forma infalible.

  • Número fijo

Un pensamiento repetido genera una acción. Una acción repetida genera un hábito. Un hábito repetido genera un carácter.

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