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La historia de Ezequiel, que conoció a Ross Lynch gracias a las redes sociales

La historia del sueño cumplido de un chico con síndrome de Down que pudo conocer a su ídolo, gracias a una campaña de redes sociales.

Ezequiel estaba en su pieza, ahí en Los Boulevares. Retraído, odioso. Dolido por la indiferencia de una sociedad que no entendía que él también cumple una función en ella. Hasta que apareció Ross Lynch en la pantalla, en una serie de televisión. Y su vida comenzó a cambiar. 

Ezequiel, hoy de 19 años, tiene síndrome de Down. Le tocó crecer en una familia que le da mucho amor, a pesar que papá y mamá no viven con él, por circunstancias de la vida. Y también le tocó crecer en una sociedad que estaba aprendiendo a incluir a personas con su condición.

A partir de la serie, películas y música que Ross Lynch fue haciendo, la vida de Eze cambió. Se volvió mucho más sociable y a ser feliz. 

Justo se dio que Ross Lynch y la banda R5 vinieron a Córdoba el pasado sábado 5 de diciembre, para actuar en Plaza de la Música. La condición económica de la familia impedía que Eze pudiera ir al recital. Entonces, su hermana Gimena (que es apenas 10 meses más grande) lanzó una campaña por redes sociales para lograr que su hermano pudiera conocer a Ross. Día a Día, entre otros muchos, se sumó apoyando la iniciativa y la cuestión terminó de la mejor manera.

La familia, sostén de todo (Javier Ferreyra).

Plaza de la Música y En Vivo Producciones se contactaron con Gimena. ¿Qué pasó? Eze conoció a Ross y los R5, le regalaron las entradas para que viera el show y también la prueba de sonido que la banda hizo en la previa.

Gimena le contó a Día a Día: “Eze no sabe hablar, leer, ni escribir. Cuando iba la escuela y vio que sus compañeros avanzaban, y él no, se empezó a desganar. Viendo Austin & Ally (serie producida por Disney, en la que Ross interpreta a Austin Moon) se empezó a incentivar y comenzó a dibujar y a querer escribir. Aprendió valores. Le traducimos las letras y se las leemos. Creo que entendió lo que es la familia y la amistad. Se fue superando y los mismos profesores se sorprenden de cómo evolucionó. Hasta empezó a tocar la guitarra, a su manera. No sabe tocar, pero toca. No sabe hablar, pero canta a su manera”. 

Eze y Gimena viven con sus abuelos Estela y Eduardo. No sobra nada. No; perdón… Lo que sobra es amor. Son un ejemplo de lucha, de perseverancia, de entrega. El verbo dar es protagonista en un hogar en el que se cree mucho en Dios. La Virgen y los santitos tienen lugar privilegiado. Pero, además de creer en Dios, estas personas tienen el don de creer en el otro. Y así ocurrió esta especie de milagro.

El encuentro. Eze fue engañado a ver a los R5. Le dijeron que iban a una fiesta del trabajo del abuelo. Cuando entró y se encontró con Ross y compañía se quedó duro. Se puso pálido, se le llenaron los ojos de lágrimas. Eze no habla. Al menos, para esta ocasión, no hizo falta. Hubo abrazos, saludos, fotos. Y hasta un dibujo de la banda que había hecho Eze y que Gimena, viva, había llevado escondido en la mochila. Un momento breve y eterno. Los buenos momentos tienen el don de romper las barreras del tiempo porque uno los lleva por siempre en el corazón.

Eze, Gimena y los R5. Un instante, felicidad eterna.

“Le dieron un papel para que levantara durante un tema y no lo podía creer. A la noche se lo escuchaba hablar y seguro se acordaba del recital”, contó Gimena.

La historia era inimaginable. Una banda estadounidense, que vive su sueño. A miles de kilómetros, un chico con síndrome de Down encontró en uno de sus integrantes la posibilidad de empezar a ver la vida de otra manera. La banda llega a ese lugar a kilómetros de distancia y la última barrera, la económica, se empieza a solucionar por una campaña en redes sociales y se termina de levantar con el aporte de una productora que, con una acción, le cambió la vida a Eze. Y a todos, al menos por un rato.

La vida de Eze seguirá adelante. Seguirá despertándose, prendiendo la tablet para poner música y tomando té en su taza de Dragon Ball Z. Y con Gimena a su lado, mientras estudio organización de eventos. El abuelo Eduardo seguirá yendo a la metalúrgica a ganar el pan para esta familia. La abuela Estela seguirá al frente de la casa, como sostén de todos. También los cuatro tíos y los cuatro primos que comparten ese espacio. 

“Espero que siga avanzando y, por más que los diagnósticos médicos digan que no va a poder aprender a leer o a hablar, pensamos que sí lo podrá hacer. Ojalá pueda hacer su música y llevarla lejos. Tiene muchos sueños y sentimos que los puede cumplir”, desea Gimena para su hermano.

Lo mejor de esta historia es la demostración de lo que dar puede significar. Y eso es amor. Eze, amor.

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