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Córdoba

Miles de jóvenes en la 7º Marcha de la Gorra

Una multitud copó las calles del Centro: cantaron, bailaron y se hicieron escuchar. Sobre el cierre hubo pintadas y hechos de violencia aislados.

Los pibes de los barrios empobrecidos de la ciudad de Córdoba, los que no pueden caminar tranquilos porque la Policía los para, los hostiga, les pide sus documentos –aunque no hayan hecho nada más que pasear–, irrumpieron este miércoles en masa en el Centro, como lo vienen haciendo hace siete años, en la clásica y cada vez más necesaria Marcha de la Gorra.

Después de las 18, el Centro colapsó: miles de personas se volcaron a las calles, ocupando al menos cinco cuadras consecutivas en la avenida Colón. Los organizadores hablaron de 15 mil asistentes. “La Gran 7” fue así: grande, enorme, ruidosa y colorida. Fueron varias las murgas que le dieron ritmo a la manifestación. Las banderas de los partidos políticos que colaboraron con su organización (muchos, desde el Frente de Izquierda y los Trabajadores hasta la Juventud Radical, que estuvieron separados por varios metros, por supuesto) quedaron opacadas por la cantidad de arte que se vio por todos lados: grafitis, esténciles, intervenciones de teatro y de todo tipo.

También estaba el helicóptero de la Policía, pero no el que surca el cielo de la ciudad, sino uno más pequeño, montado sobre un contenedor de basura que, al final de la marcha y por un exceso de euforia, terminó en llamas justo frente a la Catedral, mientras los manifestantes bailaban alrededor del fuego, como poseídos.

Y cantaron. Cantaron mientras saltaban, en un pogo antirrepresivo que decía cosas como “boróm-bombón, boróm-bombón, el que no salta, es un botón”, y también “vecino, vecina, la Policía asesina”.

La voz de “Bichi” Luque –uno de los referentes del Colectivo de Jóvenes por Nuestros Derechos– guió la marcha, como siempre. “Bichi” tiene una voz simpática: es aguda y es áspera, como la de un payaso de nuestra infancia pero que está re sacado y grita: “Empezamos a contarle a usted, vecina, lo que nos duele, lo que nos lastima” y “Esta ciudad también es nuestra, también nos pertenece”. Bichi destacó, todo el tiempo, que “las construcciones deben ser colectivas”, y así fue “La Gran 7”: un aporte de tal cantidad de organizaciones sociales que no podemos enumerar en esta página.

Y fue inevitable: tanto ardor, tanta euforia, se desbordó: pintaron las fachadas de la Catedral, del Mc Donalds de la General Paz y de la Iglesia Santo Domingo, y las calles y las paredes y todo el recorrido de la marcha quedó intervenido con consignas y con los rostros de los jóvenes desaparecidos en democracia. Hubo hechos de violencia aislados que fueron repudiados por los organizadores: “Desde el Colectivo de Jóvenes repudiamos los actos violentos”, indicaron anoche en un comunicado.

Pidieron por la derogación del Código de Faltas, instrumento utilizado por la Policía para ejercer detenciones arbitrarias. Pidieron que se respete su cultura, su modo de vestir, que se caracteriza por una gorra, un par de “llantas” y una remera larga, larguísima. Porque visten así, los detienen por “merodeo”. Y el cuestionamiento llegó también al gobernador, a quien le cantaron: “Vení Gallego, vení mirá, el merodeo que te armamos en la ciudad”.

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