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Córdoba

Malvinas, a 34 años: la dulzura invisible en la guerra

Las mujeres de Malvinas no tienen lugar en libros ni en museos, pero eso no las desaparece. Fueron enfermeras e instrumentistas que en la guerra sanaron las heridas de ciento de soldados. Silenciadas, son verdaderas testigos del dolor más crudo. Hoy le damos voz a una de ellas.

Por Lucía Pairola

Los actos de justicia no tienen fecha de caducidad y siempre hay ocasión para honrarlos. Stella Maris Botta es una heroína que calló por años, un poco para olvidar y otro poco por ser olvidada. Es cordobesa, oriunda de Villa María, y como otras enfermeras de la Fuerza Aérea sirvió al país en la “absurda y cruel”, dice ella, Guerra de Malvinas. 

“No sabíamos mucho, éramos algo inconscientes, con temores e ideales. Pero lo que sabíamos era que teníamos que ir a cuidar y ayudar a los compatriotas”, trató de describir Stella por qué dio el “si” a ser voluntaria 34 años atrás. Llena la mesa de fotos y la historia comienza a desandarse, con la misma delicadeza con la que se limpia una herida que duele. 

Tiene 56 años, está casada y disfruta de sus tres hijos. Hace muy poco que comenzó a compartir lo que vivió: “Fuimos más que enfermeras. Fuimos madres, hermanas y amigas”, reconoce mientras junto a Día a Día rasga el escudo que la protegió del horror: “No le conté ni a mis hijos. Yo soy así: lo que me duele lo tapo y sigo adelante. También descubro que me faltan palabras para relatar eso que sucedió”. 

Sueño y pesadilla. Se describe como ansiosa, insistente y tesonera. Cada cualidad la llevó a ser de las primeras promociones de mujeres en la Fuerza Aérea Argentina –pionera en incorporar al sexo femenino entres sus filas–. “Siempre quise ser soldado, pero era imposible para nosotras. Entonces estudié enfermería y sin querer fue la puerta que me abrió el sueño”, comparte.

Stella, en la misión de paz en Haití.

Y pasado el tiempo, viviendo en Córdoba en mayo del ‘82 llegó la inesperada convocatoria: “El corazón me latía muy fuerte y el comodoro nos preguntó quién quería ir a la guerra. Viendo que nadie decía nada, yo respondí que sí”, cuenta Stella. 

Ella reconoce haber experimentado una mezcla de felicidad con ingenuidad:”Yo sólo pensaba en mi sueño, pero nunca me imaginé lo que era vivir de verdad una guerra”, confiesa. 

Más que servir. Y así, con sólo 23 años se embarcó hacia la zona de conflicto en el Hospital Reubicable de la Fuerza Aérea Argentina en Comodoro Rivadavia. “Vivíamos en tinieblas, sin luz porque evitábamos los bombardeos. Cuidábamos nuestra vida y la de los soldados heridos”, describe Stella. Recuerda que tenía la función de recibir en el hangar a los soldados trasladados en aviones para ser atendidos. “Curamos muchas heridas físicas pero nada se comparaba con la heridas del alma, el miedo y la soledad”, desnuda con dolor su verdadera tarea sanadora. 

Esta apasionada enfermera no puede borrar el llanto y el sin sentido de aquellos días. “ Recuerdo a un soldado que cuando se vio sin una pierna empezó a pedir por su mamá a los gritos”, con la voz entrecortada comparte esa terrible postal eternizada en su memoria. 

A su regreso, como todas las mujeres de Malvinas, quedó en el silencio y en el olvido. Son ex combatientes sin reconocer. Ellas sufrieron los mismos problemas que los hombres, las pesadillas, el estrés post traumáticos y el abandono. Actualmente no son consideradas veteranas de guerra y tampoco reciben pensiones. Sólo en tres lugares (Villa María, Rosario y Buenos Aires) fueron reconocidas con placas por su valentía y entrega.

Stella en una foto en Malvinas. 

Pero los actos de justicia no caducan aunque la gloria se olvida de nombrarlas. 

Ellas han sido esa dulzura invisible que salvó a muchos del terror en medio del dolor.

Enfermera y casco azul
Stella Maris Botta tiene 56 años. Se recibió de enfermera en el Profesorado Gabriela Mistral de Villa María. Ingresó a la Fuerza Aérea Argentina hasta 1992. Actualmente sigue sirviendo como personal civil. En el 2012 se unió a la misión de los Cascos Azules en Haití para ofrecer sus servicios como enfermera. Sueña con volver a viajar.

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