?>
Córdoba

Un susurro en el oído para aferrarse a la vida

Es médico desde hace 33 años y escribe poemas en el pizarrón de la sala de Terapia Intensiva del Hospital de Urgencias para mitigar la soledad de los pacientes.

Muchos años antes, en su San Martín natal, había tenido la misma sensación. Entonces, algunas paredes del barrio guardaban la cicatriz del golpe de la pelota de trapo que "Pecas" pateaba de vereda a vereda. Su hermano cumplía 15 años y una tía le trajo un regalo envuelto que, a fuerza de necesidad, debía compartirse: una pelota de fútbol. "Pecas" la tocó y supo que en su interior crepitaba una felicidad fresca, inocente. Esa felicidad fue la que brotó nuevamente en febrero de 1994, cuando recibió el abrazo del gran poeta Manuel del Cabral, quien lo había estado esperando, vestido de azul hasta la corbata, con una parva de libros de poesía en su descascarada casa de República Dominicana. Él ya no era sólo "Pecas", era Carlos Alberto Soriano, poeta y especialista en Emergentología en el Hospital de Urgencias de la ciudad de Córdoba. Un médico que traducía su alma para "desarmonizar el silencio y el habitual equilibrio de las palabras cotidianas". Esa transgresión al orden frecuente, al deseo imperioso de abrir los brazos de la ternura, fue lo que los unió a ambos en una tarde donde primaría el lenguaje metafísico.

Este desequilibrio no habitual del lenguaje parece oficiar su amor por la vida en el pizarrón que se ubica en el ingreso de la sala de Terapia Intensiva del Urgencias. Desde 1990, "Pecas" escribe allí algunos de sus poemas para recordarle a la muerte que la palabra le librará una batalla perdida. Sus poemas trabajan como fragmentos vivos para mitigar la soledad de los pacientes, varios de los cuales no logran escaparle al abismo final de la existencia. Otros, por el contrario, conservan intacta el alma y vuelven a recuperar el brillo: Un ángel / no es un niño blanco alado / colgado de un anillo que no existe. / Es apenas un hombre / que en la encrucijada de la vida / eligió el camino que tanto tememos.

-------------------------------------------

-Lo que hace el límite final de la vida es desnudarte. El hombre que sabe que va a morir, se desnuda. Y eso es un abrirse tremendo del alma que sólo puede conocer quien ha vivido mucho tiempo al lado de gente que se está muriendo. Hay un proverbio napolitano que dice "una cosa es hablar de la muerte y otra es morirse". Hace 33 años que soy médico y me causan gracia los "especialistas" del buen morir o del mal morir que hablan tan livianamente de la muerte, sin haber estado cerca de ella.

-------------------------------------------

Amor al arte. Tenía razón la "Maga", una astróloga amiga de "Pecas" a quien llaman así en homenaje al personaje asombroso de Julio Cortázar en Rayuela, cuando le vaticinó una abundante personalidad artística. Tal vez, todo era cuestión de una herencia familiar: Dante Francisco Soriano, su padre, era cantante de tangos; y Rosalía Anita, su madre, daba clases de piano. "Pecas" -bautizado de esta manera por un tío- nació en noviembre de 1952, y, con el tiempo, sería el segundo de ocho hermanos. Todos ellos disfrutaron de la música: él estudió flauta traversa en el Conservatorio y sus dos hermanos menores -Mario y Marcelo- grabaron discos. Actualmente, Mario vive en España, donde se dedica a su quinteto de tangos.

"Pecas" ya hacía la primaria en el Colegio La Salle cuando lloraba por impotencia cada vez que presenciaba una injusticia. Sentía, en sí mismo, un sino que le exigía ayudar al prójimo. Esa inquietud poco furtiva encontraría respuestas a sus 13 años, cuando su tía María Inés lo llevó a su librería Alfonsina, donde el adolescente, que repartía su tiempo entre las materias del secundario Zorrilla de San Martín y la fábrica de heladeras de su padre, se topó con los primeros poetas que cambiarían su vida: Antonio Porchia, Antonio Hernández, César Vallejo, Vicente Huidobro, Pablo Neruda y varios más.

Desde entonces, entendió que la injusticia podía combatirse con el lenguaje poético, un arma infernal y "tan eficaz como el fusil", al decir de Mao Tsé Tung. Fue por aquella época que escribió su primer poema, ahora náufrago de su memoria. Curiosamente, la medicina, su arma de combate no abstracta, resultó ser una elección por descarte. Recién en cuarto año de la carrera, cuando tocó por primera vez a un paciente, descubrió que el cuerpo humano es apenas una combinación frágil de materia y palabras fascinantes. En 1976, con el país azotado por la vara salvaje de la dictadura militar, "Pecas" se recibió de médico. Quizá por un hado irónico, la primera muerte en su vida profesional vino acompañada por un dolor con su nombre grabado. Fue en 1978, mientras hacía la colimba en Catamarca. 

-------------------------------------------

- Recién mostré mi primer poema cuando murió Cecilia, mi ex novia. Le dediqué el poema "Pedacito de cielo": Pedacito de cielo / almita que me volaron / cuando alguien me abrió el pecho / y te arrancaron muriendo. / Gotita de cielo / que me sangraron / pedacito de sangre / que se acieló de golpe. / ¿A qué vienes ahora? (fragmento). Al poco tiempo conocí a mi primera mujer, Viviana, y empecé a escribir de manera desaforada, me brotaba la poesía y la necesidad de mostrársela a gente íntima.

-------------------------------------------

Al amor de Viviana se sumaría el salvavidas de la poesía para no sucumbir en la tristeza por la muerte de Cecilia.

Calor misionero. Terminado el servicio militar, "Pecas" se internó en el paradisíaco colorido de El Dorado, en Misiones, para hacer su residencia. En el verde furioso de la naturaleza, entre pacientes que mezclaban el guaraní con el dialecto local, nació Joaquín, su primer hijo. La llegada de la democracia sacó del coma al país justo cuando "Pecas" finalizaba su residencia y retomaba la pluma. Pero no sólo la poesía lo convenció de enamorarse del lugar, sino también el deporte: junto con su pareja y otras tres personas fundaron "Grupo Azul", el primer equipo de hockey de El Dorado, que luego estuvo invicto en el campeonato misionero por 30 fechas. La mayoría de sus jugadores practicaba descalzo por la falta de recursos.

El azar y la necesidad quisieron que El Dorado tuviera un final. En 1985, "Pecas" se separó de Viviana y regresó a Córdoba, donde integró el equipo de 12 médicos que debutó en el flamante servicio de emergencias Ecco. Ese mismo año vio la luz el primero de sus cinco libros de poemas, La revolución de hormiga.

En su persona, la medicina y la poesía eran la combinación perfecta contra las sombras de la injusticia que lo aquejaban desde la niñez. "La tarea del poeta no es el resultado de un trabajo, ni su escritura es un oficio. El poeta es. Vive y respira a través de un hombre cotidiano, con sus miserias y alegrías; sin embargo, la suya es una lucha constante de lobo estepario", reflexionó alguna vez. Esa lucha fue la que lo llevó a improvisar un consultorio médico en una vivienda precaria del barrio Chino, un lugar marginado social y políticamente en el que estuvo ayudando dos veces por semana, durante largos meses. "Pecas" entabló una maravillosa relación con sus habitantes, quienes hasta dejaron fotografiarse para un espectáculo musical. Estuvo rearmando física y emocionalmente a sus improvisados pacientes hasta poco tiempo antes de ingresar a trabajar en la sala de Terapia Intensiva del Hospital de Urgencias.

Para entonces, ya había publicado Errores del cielo, su segundo libro. El tercero, Poemas colgantes, encontró a "Pecas" con su costado empático maduro, compartiendo poemas o cantándole canciones al oído a los pacientes más graves. Para él, la muerte no debe considerarse un fracaso, sino una etapa más que el médico ayuda a sobrellevar dignamente. Sus primeros poemas en el pizarrón de Terapia Intensiva le costaron unos cuantos retos de sus superiores, ya que allí sólo debían escribirse cientificismos. Su guardia era los martes, por lo que cada miércoles, sin excepción, el pizarrón amanecía con poemas que fueron invadiendo el cariño de sus colegas, quienes lo incitaron a recopilarlos y publicar el cuarto libro, Urgencias del pizarrón.

Vuelta al amor. Por esa época, "Pecas" posó sus ojos sobre una mujer cuya maravillosa voz la había hecho acreedora del Premio Revelación en Cosquín: se trataba de Silvia Lallana, en aquel entonces cantante del grupo del que formaba parte su hermano Mario. En 1991 se mudaron juntos a San Vicente y seis años después nacería Julia, el segundo hijo de "Pecas". En tanto, su labor con guardapolvos de resistencia a la muerte sufría sus padeceres, que necesariamente debían desahogarse con lágrimas: Empezar a juntar la lluvia / en la concavidad del hombre / en sus desiertos interiores. En la agonía del alma, el agua. Dejar que la lluvia siga / hasta inundarnos / y llorar entonces / la palabra justa. 

-------------------------------------------

Una vez, estuvo internada una chica por un accidente. Uno deja el pellejo ahí para que salgan, pero pasó lo que yo no quería que sucediera: murió en una guardia mía y tuve que decirle a la madre. Cuando la enfrenté, no me salieron palabras, entonces nomás pude abrazarla. Cuando lo hice, noté que la mujer no me soltaba, estuvimos así por 20 minutos con llanto mutuo, incluso me dejó el guardapolvo lleno de rímel. Para mi sorpresa, no acabó allí, sino que la madre regresaba todos los martes a darme un abrazo porque decía que yo era el contacto que ella tenía con su hija.

-------------------------------------------

La crisis del 2001 oscureció el horizonte de la Argentina, y miles de personas vieron en la emigración una salida posible de la hecatombe. "Pecas" y su pareja se instalaron en Madrid, aprovechando que allí vive Mario. Sin embargo, él no logró escaparle a la lluvia gris que acechaba su corazón, tal vez porque no pudo conseguir trabajo sin la homologación del título.

Su tristeza en tierras españolas se refleja en Llueve sobre el exilio, su último libro. Estuvo un año en Madrid y regresó a Córdoba, nuevamente a los pasillos del Urgencias, el lugar que eligió para vestirse de blanco y defender la salud como un poeta de este tiempo: Este cuerpo que me lleva, y que a veces va conmigo / está poblado de agujeros por donde partieron los ángeles. / ¿De quién será mi voz después de la ceniza?

 

Sumate a la conversación
Seguí leyendo