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El cordobés Ariel Ardit triunfa en Madrid

Ariel Ardit enamoró a los españoles reviviendo  lo mejor  de su último disco “Carlos Gardel Sinfónico” en una noche mágica que tuvo lugar en el imponente Teatro Real  de Madrid. Acompañado por la orquesta sinfónica del Teatro, Ardit se ganó a un público exigente gracias a su talento, carisma y encanto.

Tocaba la orquesta la introducción a lo que sería el espectáculo cuando de repente, bajo una luz tenue, apareció Ariel Ardit en lo alto del escenario, con una imagen de Buenos Aires de fondo, cantando a todo pulmón “Mi Buenos Aires querido”. Así fue como desde el comienzo hasta el último adiós, mantuvo cautivo a un público que solo estaba allí para escucharlo. 

Días antes, tuvimos la oportunidad de compartir con Ardit su recepción en la embajada Argentina auspiciada por el embajador y el departamento de cultura. “Lo novedoso del espectáculo de Carlos Gardel Sinfónico, que ya  estuvo en Córdoba, Buenos Aires, Tucumán, Salta,… es tener un cantor de tango puesto en el plano sinfónico”, subrayó el artista.

Acompañado de Andrés Linetzky, en piano y arreglos sinfónicos, Ramiro Boero, en bandoneón, y bajo la dirección de Gonzalo Ospina junto a  la orquesta sinfónica del Teatro, Ardit hizo estremecer al público con su voz. Nadie quedó indiferente ante el sentimiento puesto en  “Lejana tierra mía” y entre todos coreamos “El día que me quieras”.

La historia de este disco comenzó hace un par de años  cuando Ardit, gran admirador de Carlos Gardel, decidió hacerle un homenaje en el aeropuerto de Medellín, el mismo donde Gardel perdió la vida en 1935. Así nació su sexto disco como solista “Carlos Gardel Sinfónico”. Sin embargo, su admiración por Gardel comenzó muchos años antes cuando era un estudiante de canto lírico, “conozco a Gardel siendo cantante lírico, no tanguero”.

Cordobés de nacimiento, se mudó a Buenos Aires a la edad de 8 años, siempre quiso ser cantante y empezó a tomar clases con un profesor de canto lírico. Conoció a Gardel, otras grandes  voces de los años 40 y ya no hubo marcha atrás. A tal punto que cuando le preguntamos qué aconsejaría a una persona que está empezando a cantar tango y quiere ser como él el día mañana, su respuesta fue clara y contundente “le diría que siga a Gardel”.

 

Pasadas las 2 horas de espectáculo, el Teatro Real era ya una milonga de españoles, argentinos y otras nacionalidades. Ardit se despidió cantando” Volver” y estoy segura que más de uno pensamos “ojalá que vuelva pronto”.

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